Atravesando la columna vertebral de América del Sur, el Cruce Andino es una verdadera aventura ecológica que no puedes dejar de conocer, conozcamos un poco más del territorio que ofrece paisajes e historia por igual
Un poco de historia
A fines del siglo XIX, la empresa Chile-Argentina, abrió la ruta de los Lagos Andinos cruzando la cordillera desde Puerto Varas en Chile hasta la ciudad de San Carlos de Bariloche en Argentina. Esta ruta, que cruzaba los lagos Llanquihue, Todos los Santos, Frías y Nahuel Huapi era utilizada para trasladar la lana de oveja, que se producía en la Patagonia hacia Puerto Montt-Chile y luego era embarcada hacia Europa, pasando por el Estrecho de Magallanes.
Con la construcción del Canal de Panamá y luego la irrupción de la primera guerra mundial, la empresa quiebra y es adquirida por un visionario pionero suizo, don Ricardo Roth, quien la transforma de transporte a turismo.
De Bariloche a Puerto Varas, y viceversa
Esta travesía pionera se transformó rápidamente en un atractivo circuito binacional que ofrece a los pasajeros la posibilidad de maravillarse con la naturaleza de dos parques nacionales de ambiente andino, el Vicente Pérez Rosales en Chile y el Nahuel Huapi en Argentina, permite conocer lugares mágicos como Peulla y Puerto Blest, revelando paisajes cordilleranos con una belleza que quita el aliento, ya que atraviesa el sector más colorido de la Patagonia y lugares especialmente vírgenes.
Navegar los lagos por adentro de la Cordillera es mucho más que disfrutar de la potente combinación de agua cristalina y montaña. Este Cruce Andino también representa una historia de hermandad entre países. Durante toda la travesía se transmite el interés de los guías (argentinos y chilenos) por fomentar el contacto humano y los enlaces culturales entre ambas regiones.
Bariloche
Es una ciudad ubicada entre bosques milenarios, montañas cubiertas de nieve y lagos cristalinos, en la provincia de Río Negro, Argentina. Se trata de una postal de la Patagonia.
La ciudad está ubicada dentro del parque nacional Nahuel Huapi, junto a la cordillera de los Andes. En el 2012 fue declarada capital nacional del turismo de aventura, y en el 2015 capital nacional del chocolate.
Bariloche se fundó el año 1902. Su nombre surgió como un juego de palabras entre «Carlos Wiederhold», quien instaló el primer almacén de ramos generales del lugar (de allí la parte de «San Carlos»), y una deformación del término «vuriloche» (gente distinta o diferente, de atrás o del otro lado), utilizado por los mapuches para denominar a otros pueblos originarios que habitaban los valles de la zona este de la cordillera de los Andes antes de su propia llegada a la región.
La ciudad cuenta con todos los servicios y comodidades para que el visitante la haga meta de sus vacaciones todo el año. El Camino de los 7 Lagos la une con San Martín de los Andes, otro de los destinos preferidos de la región.
La pesca con mosca de truchas y salmónidos durante el verano y variadas alternativas deportivas, entre las que se destacan el trekking, el rafting por decenas de cursos de agua y las caminatas por los bosques milenarios, además de los ascensos a la mayoría de las cumbres que rodean la ciudad, son algunas de las actividades recreativas que realizan quienes visitan Bariloche.
La llegada de la nieve y el invierno anuncian el comienzo de la temporada de esquí y de la práctica de deportes invernales en el mítico Cerro Catedral, considerado uno de los centros de esquí más importantes del país y visitado cada invierno por miles de fanáticos.
Los paseos en mountain bike y las cabalgatas con la posibilidad de acampar en frondosos bosques, ríos y lagos naturales hacen que quien visita Bariloche quiera volver una y otra vez, ya sea en otoño, invierno, primavera o verano.
Si el punto de partida es Bariloche, hay que ir hasta Puerto Pañuelo, donde los catamaranes Victoria Andina o Victoria del Lago esperan a los pasajeros. El trayecto por el azulado y profundo Nahuel Huapi para llegar a Puerto Blest, la primera parada, es de 1 hora 15 minutos.
Se pasa por la isla Centinela, donde descansan los restos del Perito Moreno junto a su esposa e hijo. Diariamente el capitán del catamarán repite el ritual de hacer sonar tres veces la sirena en su homenaje.
Fue casi un héroe en la región: donó 3 leguas de tierra para la creación de este Parque Nacional y creó la conciencia en la necesidad de preservar la flora, la fauna y las tradiciones culturales indígenas para las futuras generaciones.
Luego se llega a Puerto Alegre, el pintoresco muelle donde se toma la lancha para atravesar durante 20 minutos el Lago Frías, que se puede considerar de lo más lindo del viaje por su agua espesa color verde petróleo producto de la leche glaciaria, y por el paisaje rocoso y montañoso que lo circunda.
Aquí ya se distingue el Cerro Tronador por donde pasa el límite fronterizo entre Argentina y Chile. Sus siete glaciares (cuatro del lado chileno y tres del argentino), le dan el nombre por el estruendoso ruido que hacen cuando se desprenden.
Del otro lado del lago está Puerto Frías, allí se hace migraciones argentinas y la comitiva queda en manos del guía chileno. Nuevamente hay que tomar un bus para sumergirse por la espesura de la selva tropical Valdiviana, un ecosistema con 4000 especies, entre ellas los alerces, arrayanes y colihues. Esta es una de las tres selvas de su tipo que existen en el mundo, las otras dos se encuentran en Australia y Nueva Zelanda.
Más adelante llega una travesía de una hora y media, similar a la primera del Nahuel Huapí, pero la versión chilena que es por el lago de Todos Los Santos. Esta vez, los volcanes modifican el paisaje: se avista el Puntiagudo, que es el más empinado del sur de Chile, su cumbre parece una aguja que «pincha» el cielo; el Osorno anuncia la cercanía a Puerto Varas.
Puerto Varas
La ciudad es prolija, bella, fruto del trabajo conjunto entre chilenos y alemanes inmigrantes. Fue fundada en 1854 por Vicente Pérez Rosales. Al bajar del catamarán se recorre la costa del Lago Llanquihué hasta llegar a la ciudad. Una costa iluminada, con edificios elegantes, parques, casas típicas revestidas en tejuelas de madera de alerce.
Puerto Varas reúne la poesía de sus rosales y de la flora típica de la región con sus calles que desembocan en una mágica costanera que puede disfrutarse tanto de día como de noche.
La colonización alemana dejó huellas en la arquitectura y en los jardines. Desde ellos, se pueden apreciar la silueta de los volcanes Osorno y Calbuco, cuyas cumbres siempre se encuentran nevadas.
Además de sus playas y balnearios durante el verano, a escasos kilómetros se encuentran interesantes atractivos, como ser el río Petrohué y el Lago de Todos los Santos, donde se practican rafting, canopy, la pesca de salmones y el trekking a distintos destinos dentro del parque nacional Vicente Pérez Rosales.
Una vez en Puerto Varas, lo ideal es pasar la noche y tomarse uno o más días para recorrerla, antes de emprender la vuelta a Bariloche cruzando la Cordillera, por el mismo camino por el que se llegó. Porque la vuelta es otro nuevo viaje y una segunda oportunidad para disfrutar de estas bellezas naturales que ambos países comparten.
El Cruce Andino, una travesía maravillosa de la Patagonia y el sur de nuestro continente, te espera para vivir una experiencia inolvidable llena de magia e historia.
Con información de cruceandino.com e interpatagonia.com

